Inflación bajo 2%: los frentes que amenazan la meta del Gobierno
Pese a la baja al 1,7% en agosto, el salto del petróleo, la carne y las tarifas ponen en duda que el índice se sostenga por debajo de ese umbral hasta fin de año.
La inflación de agosto se ubicó en 1,7%, el registro más bajo del año, según el IPC difundido por el Indec. La cifra confirma la desaceleración que viene mostrando el índice de precios, apoyada en la estabilidad del dólar y en un fuerte control de los agregados monetarios.
Sin embargo, el dato general esconde señales de alarma para los sectores más golpeados por la crisis: el rubro alimentos subió 1,8%, apenas por encima del nivel general, mientras que la Canasta Básica Total —la referencia que se usa para medir la pobreza— trepó 2,6%, casi un punto por encima de la inflación promedio.
El Gobierno se propone ahora sostener el índice por debajo del 2% mensual hasta fin de año. El Relevamiento de Expectativas de Mercado (REM) proyecta que la inflación minorista se moverá en un rango de 1,6% a 1,8% en los próximos meses, y que el índice interanual podría bajar del 33% actual a 20% dentro de un año.
El objetivo enfrenta varios obstáculos. El más inmediato es el precio del petróleo: tras meses de estabilidad con el barril Brent por debajo de los USD 80, la cotización saltó a USD 105 por nuevos enfrentamientos en el Golfo Pérsico. YPF, que hasta ahora sostuvo los precios de los combustibles con una política de ajustes graduales conocida como “micro pricing”, advierte que si el barril se mantiene por encima de los USD 100 durante un par de semanas será difícil evitar aumentos en los surtidores, más allá de que el dólar siga estable.
Los alimentos son otro frente de tensión. En agosto mostraron resistencia a la baja, y los primeros relevamientos de septiembre indican un salto semanal aún mayor, lo que complica una nueva desaceleración del índice. La carne, que venía estable, también podría subir por la mayor retención de vientres propia de la primavera y por el récord de exportaciones, que presiona los precios en el mercado interno.
Las tarifas de servicios públicos, que en agosto fueron el rubro que más aumentó (2,8%), sumarán en septiembre ajustes menores a los del mes anterior, lo que podría aliviar el impacto en el índice general, aunque siguen representando un peso creciente en los bolsillos de los hogares.
El dólar, por su parte, se mantuvo casi congelado: en agosto subió apenas 1%, por debajo de la inflación del mes. El Banco Central redujo al mínimo su participación en el mercado cambiario —apenas USD 6 millones comprados el jueves— y recurre a la venta de futuros y bonos atados al tipo de cambio para contener la demanda de dólares de las empresas.
El combo de variables muestra que, si bien la desinflación es un hecho, sostenerla exige un equilibrio cada vez más delicado entre el freno cambiario, el control monetario y factores externos —como el petróleo— que el Gobierno no puede manejar. Mientras tanto, la suba de la Canasta Básica Total por encima del promedio general vuelve a poner el foco en el costo social del ajuste sobre los sectores de menores ingresos.
Con información de Infobae.



