De las góndolas a la app: 44 años de transformación del supermercado argentino
Un análisis de Infobae repasa cómo el canal pasó del mostrador al hipermercado y hoy se reconfigura con pagos digitales y comercio online, con un fuerte costo para el comercio de cercanía.
El supermercado argentino cumple más de cuatro décadas de transformaciones que no solo cambiaron la forma de comprar alimentos, sino también la geografía urbana, los hábitos familiares y el acceso al crédito. Así lo describe un análisis publicado por Infobae, firmado por un analista económico y director de la consultora Focus Market, a partir de una conferencia dictada en las 44 Jornadas de Supermercadismo realizadas en Córdoba.
Según el texto, 1982 marcó un quiebre con la llegada de Carrefour al país y el pasaje de Coto del mostrador tradicional al autoservicio. La masificación del código de barras en esa década permitió ampliar el surtido y dinamizar los precios, pero también consolidó un vínculo estrecho entre las grandes cadenas, la industria y el Estado fiscal.
La llamada “revolución de los supermercados” de los años 90 aceleró ese proceso: la participación del canal moderno pasó de entre el 10% y el 20% a entre el 50% y el 60% en apenas una década, de la mano de la llegada de capitales globales y fusiones que concentraron el sector. El costo de esa expansión fue alto para el comercio de proximidad: el análisis estima el cierre de más de 64.000 pequeños almacenes entre 1984 y 1993 en todo el país, un dato que expone el impacto social y laboral detrás de la “modernización” del consumo.
La crisis de 2001 fragmentó ese modelo. El hipermercado dejó de ser el único formato dominante y crecieron el supermercado de proximidad y el descuento, en un contexto de caída del poder adquisitivo y mayor comparación de precios por parte de los consumidores.
En la última década, la digitalización reconfiguró el canal sin reemplazar la tienda física. El uso de efectivo en los supermercados argentinos pasó de superar el 35% de las transacciones en 2017 a un mínimo cercano al 17% en 2024, según cifras citadas en el texto, con el crédito, el débito, el QR y las billeteras virtuales ocupando ese lugar. El self-checkout, por su parte, no eliminó puestos de cajeros sino que redistribuyó el trabajo hacia tareas de reposición y logística.
El artículo también señala que la pandemia legitimó el comercio electrónico de alimentos y que hoy el q-commerce —la entrega en minutos— compite directamente con el almacén de barrio. De cara a 2030, la consultora internacional IGD proyecta un mercado mundial de alimentos de USD 12,6 billones, con los supermercados e hipermercados como mayor canal moderno pero con una participación en baja, del 36% al 34,3%, mientras el comercio online y el formato de descuento ganan terreno.
El análisis concluye que el futuro del sector no pasa por la desaparición del supermercado sino por su hibridación entre tienda física, inteligencia artificial y canales digitales, en un escenario donde la concentración del capital y la caída del comercio tradicional siguen siendo parte central de la historia del consumo argentino. La nota fue publicada originalmente por Infobae.



